viernes, 5 de julio de 2013

Reflexión sobre el escepticismo como creencia

Yo fuí un día escéptico.

Era escéptico por la misma razón que hay gente que se aferra a la religión. Lo encontraba tranquilizador. Me sentía cómodo al cobijo de un colectivo de gente que secundaba mis opiniones y aplaudía mi opinión porque coincidía con las del resto de mis colegas. Siempre encontraba una explicación a cualquier suceso con el que me topaba, por muy extraordinario que fuera. Y cualquier respuesta que en mi mente sonara a lógica cartesiana siempre era más reconfortante que otra que se desmarcara de lo que yo creía que era lo más próximo a la verdad, porque ¿Quién soy yo para llevar la contraria a los científicos?, y sin saber absolutamente nada de la mayor parte de las materias no me cabía ninguna duda de que estaba en lo cierto. Ya podía dormir tranquilo.

Algunas personas están aterrorizadas ante la idea de que estamos solos en esta vida; que después de la muerte no hay nada más; que nuestra existencia no tiene un propósito; que somos los únicos responsables de lo que suceda a lo largo de nuestras vidas con nuestro cuerpo y mente. Pero también es cierto que a veces es más terrorífico pensar que nuestro destino está escrito, que hemos nacido con un objetivo concreto o que tras la muerte hay algo que ni los mas asombrosos descubrimientos científicos han conseguido iluminar.

El mundo es mucho menos temible cuando no hay fantasmas que acechan en la noche.

Ya no me identifico con aquellos que perciben la ciencia como un sistema de creencias, limitándola con suposiciones que se han convertido en dogmas y que, bajo un criterio subjetivo, margina a la periferia de lo escépticamente inadmisible teorías como los campos mórficos, tratamientos médicos eficaces como la hipertermia o máquinas que desafían las leyes de la termodinámica como el EMDrive, que a pesar de carecer por el momento de una explicación científica completa tienen un uso práctico y sólida evidencia experimental. Este tipo de comportamientos ponen en cuarentena potenciales avances civiles y sociales en beneficio de los intereses de una élite que se conforma con el inmovilismo del statu quo en que vivimos actualmente.